Cuando veo algún maltrato a los animales de la calle, las corridas de toros o las cacerías infames a las especies, no puedo evitar la evocación de pensamientos y deseos de que este mundo se vaya a la mierda con todo y la raza humana. A veces, mi impulso me hace pensar en por qué Dios es tan perverso para permitir esa clase de cosas y lo único que consigo es generar actitudes negativas en mi persona y que mi cobardía quede bien protegida por la armadura de la ira. Sin embargo, hoy sucedió algo que te quiero compartir:
Pedí unas horas en el trabajo para ir a hacer un trámite, y como la institución se encuentra cerca de casa de mi madre, preferí ir para allá a pasar la noche. Nos despertamos temprano, encendí su auto y salimos. Quedamos en que nos iríamos a las 7 a.m., pero nos retrasamos cerca de quince minutos. Total que antes de cruzar un tope, desaceleré y al lado de la banqueta, en el carril de la izquierda, alcancé a ver un gatito atropellado que aún se estaba moviendo.
Mi primera reacción fue pensar “no, no, por qué me haces ver estas cosas”, pero algo más me decía que regresara por el bicho. Debo reconocer que me acobardé. Seguí adelante, pero no pude continuar; en el primer retorno, tomé el camino de vuelta. El gatito seguía ahí. Puse las luces intermitentes, me bajé y con ayuda de una chamarra y mucho cuidado, lo tomé entre mis manos y lo metí al coche. Mi mamá lo llevó con ella todo el camino. Tuve una sensación de paz, una sensación de haber hecho lo correcto.
Vimos que el gatito podía moverse y maullar. Era más el susto y el golpe que algo realmente grave a primera vista. Sí tenía sangre seca en su carita y la cola estaba completamente pelada. Aún así, el bichito comenzó a ronronear y a los pocos minutos se quedó dormido.
Fui a hacer mi trámite, tomé el camino de regreso a la ciudad y volví a la oficina. Mientras tanto, mi madre llevó al gatito con su veterinario de confianza y el diagnóstico fue que iba a sobrevivir. Sin embargo, tenía la mandíbula fracturada y requerirá ciertos cuidados durante algunas semanas. La mala noticia fue que el veterinario le tendrá que amputar su colita. Por el hogar no nos preocupamos: se quedará con nosotros y lo cuidaremos bien, al igual que a nuestros otros gatitos. Tendrá amor, que es lo más importante para sanar las heridas del impacto.
Todavía me siento un poco triste, pero reconozco que tengo cierta paz conmigo mismo por haber hecho lo correcto, aún a pesar de mi propia cobardía.
De esta experiencia puedo llevarme varias reflexiones. Hoy pienso en toda la gente que se indigna ante la crueldad animal. Me ha tocado leerlo en las redes sociales por ejemplo. Alguien publica la foto de algún animalito que necesita ayuda por maltratos, accidentes y cosas peores, y los comentarios más comunes son deseos de muerte y dolor para los agresores. “Si pudiera, yo mismo iba y golpeaba al tipo”. Hoy te pregunto: “¿y crees que con eso ya erradicaste el problema? Si de verdad te importan los animales, ¿por qué no, en vez de maldecir y alardear de que eres muy castigador, utilizas esa energía para ayudar a esos animales que tanto nos necesitan, como otras personas lo hacen en verdad?”
Hoy lo veo así y, ¿sabes por qué te lo pregunto?, porque yo también lo he sentido. En alguna ocasión, golpeé tan fuerte a un basurero que le pegó a mi perro Márduk, que estuve a punto de mandarlo al hospital. Eso no me hace más malo ni más nada. Fue una acción no muy inteligente de la cual, lo admito, no me arrepiento de haberla realizado, pero la realidad es que la violencia genera más violencia y la vida es muy corta para estar odiando todo el tiempo. En vez de dedicar nuestra energía a combatir la maldad, usémosla para fomentar la ayuda y el respeto por la vida misma. Hoy tengo la convicción de que da más resultados que enfermarse de bilis deseando que nos destruya un holocausto o pidiendo porque a la gente mala la corten en pedacitos.
Hoy lo constaté: al ver los ojitos agradecidos del gato, me hizo pensar que este mundo aún tiene esperanza y hoy, hoy quiero creer en ella.
1 comentarios:
primero creiste en ti, de ahí parte todo la demás actitud
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