lunes 5 de diciembre de 2011

ÚLTIMA NOTA A “VIAJEROS EN EL UMBRAL”

A estas alturas, no queda mucho que decir sobre la novela. Lo importante, creo, es la historia que ahí se cuenta, la historia de Blaine, la historia que escribe el Trotamundos a través de Fabiana, la hechicera. Lo demás, es un conjunto de posibilidades. Posibilidades de creación.

Me inspiré en San Miguel de Allende para crear a Pueblo Viejo. ¿Por qué San Miguel? A decir verdad, no estoy del todo seguro. Es un lugar que hasta la fecha me gusta mucho (aunque esté infestado de extranjeros vendiendo artesanías y plata al por mayor). Creo que San Miguel tuvo un impacto importante en mi vida, como si fuera un lugar de retiro y reflexión; tan es así que le dediqué un largo poema en mi plaquette Catrinas, alebrijes y caligramas (publicada por Ala de Avispa Editores en el año 2008).

De mi infancia en la provincia, a San Miguel lo recuerdo mucho. Cuando estudiaba la preparatoria, mis padre y yo pasamos ahí el Año Nuevo. Aquélla fue una época de aprendizaje, de introspección conmigo mismo, de rompimiento familiar, de soledad y exploración. Fue el antes y el después, quizá, de la época en la que me entregué a mis excesos.

Tiempo después, hice un viaje para tomar fotografías y grabar en mi memoria los detalles del lugar; del centro, principalmente. Al igual que el pueblo donde nació Blaine, San Miguel de Allende tiene un jardín central, las calles suben como buscándose a sí mismas y la catedral erguida sueña con cambiar el mundo desde sus entrañas.

El nombre de Pueblo Viejo obedece a un restaurante del mismo nombre que estaba ubicado muy cerca de la Casa de Allende (ahora un museo histórico). Algunos recuerdos de ese comedor, me sirvieron para el bar de Charlie, tanto en Pueblo Viejo como en Granito. Podría decir, incluso, que Granito también tiene algo de San Miguel, aunque con un toque un tanto fantasmal.

El restaurante tenía cierto aire que hacía pensar en una vieja hacienda y sí, había un escenario decorado con cubos de paja, una rueda de carreta y las dos frases célebres que aparecen por ahí, en el texto de mi novela. En aquella ocasión, un hombre cantaba corridos de la Revolución y creo que eso dio pauta para recrear una guerra en el mundo de Blaine: la Guerra del Este; de hecho, el incidente de la hacienda donde muere el padre del joven pistolero, estuvo inspirado en un sueño que tuve sobre Zapata antes de ser fusilado.

Muchas escenas del recorrido de Blaine en el Gran Camino de Asfalto, son producto de largas caminatas que hice alrededor del Lago de Guadalupe (en el municipio de Cuautitlán Izcalli, Estado de México). Algunas otras son resultado de mis ensoñaciones y de mi búsqueda a través del mundo onírico (ciertos pasajes de la historia, como el baile entre Blaine y Crystal, se me manifestaron en sueños y recuerdo que tuve que levantarme rápidamente a escribirlas sobre un papel para no olvidarlas).

Otro lugar inspirado en los bellos paisajes que nos regala nuestro país es el que alberga a los “Prismas Basálticos” en el estado de Hidalgo. Sirvieron de inspiración para el Sendero de los Prismas y para ubicar el encuentro de Blaine con el niño Arturo y su abuelo muerto en la mecedora.

Cerca de ahí, si mal no recuerdo, hay un pueblo llamado Epazoyucan, cuya traducción al castellano significa algo así como “el lugar del epazote” o “el lugar del zorrillo”. (Para más referencia, puedes conocer el municipio aquí).

El asunto de los trotamundos, creo que fue algo que nació sin querer. No lo tenía pensado y por eso sigo disfrutándolo. Por ejemplo, el cantinero Charlie, para mí es un trotamundos que sólo se dedica a ver. Existen, es cierto, algunos indicios en la novela que lo vinculan con el chico ciego, pero todo sigue siendo tan sólo una posibilidad. Cada lector es libre de hacer su propia interpretación, pero la verdad es que Charlie ha aparecido en otras historias mías: en el cuento La creatura, publicado por la revista El Búho número 92; en mi novela inédita La comedia de Dante y en un guión de cortometraje (el cual tiré en una de mis viejas borracheras). Por ahí parece que se quiere manifestar en un relato de tipo erótico que estoy trabajando, pero aún no tengo clara la imagen. En fin, que el caso de los trotamundos, me parece, será una constante en mis historias (hasta que deje de manifestarse como tal). Así pues, creo que el escritor mismo es una especie de trotamundos. Él es una posibilidad para abrir la puerta al lector que lo invite a entrar en un libro y en el mundo que se manifiesta en sus páginas a través de las palabras.

El escritor contempla lo que hacen sus personajes, no los controla del todo, sólo ve la historia que se le ha manifestado, aquella a la que ha prestado atención y de la que se ha hecho su esclavo (hasta que no sea contada la historia, no habrá libertad para él). Ésta, me parece, es la única esclavitud a la que vale la pena entregarse, la única esclavitud que es paradoja, porque en sus cadenas está la libertad de espíritu del que osa aventurarse a escribir. Por eso siempre le digo a los más jóvenes: si quieres ser escritor, escribe, aún a costa de tus padres; escribe, porque si eso es lo que amas hacer, tu espíritu será grande, porque no buscarás los premios ni el aplauso. La recompensa es esa libertad de elegir convertirse en presa de las historias que vemos en el cruce infinito de caminos, en las puertas que se abren y se cierran a través de nuestra imaginación. El escritor es el nexo entre esos mundos y nuestra realidad. ¿Cuál es la verdadera, ésta o aquélla, lo palpable o lo imaginable, lo posible o lo imposible?

Así son los caminos. A partir de la contemplación de una imagen se erigen mundos nuevos. Cada objeto en una posibilidad de crear. No tenemos que rompernos el cráneo para sacar inspiración. La poesía está en el mundo. De nosotros depende hacer un humilde intento por brindarle eternidad en nuestras letras.

2 comentarios:

Colibrí dijo...

..te leo, te sigo...de vez en vez te escribo y pretendo abrir camino a mis letras contigo de fondo.

sin duda cada puerta es una posibilidad nueva en el lector, sólo quien escribe pretende guiarnos, aunque en realidad él mismo no sabe quién será el que lleve las riendas de la historia, el personaje, el escritor o quien te lee.

Luis Fernando dijo...

Esa, me parece, es una de las maravillosas posibilidades que nos regala la literatura. De nosotros está el cruzar esas puertas a otros mundos a través de la imaginación.

Feliz estoy de que nuestros caminos se cruzaran, de que me acompañes en mis letras y de que me permitas compartirlas contigo.

Te abrazo fuerte, con mucho amor.